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      <DefaultText>Cinco vagones recorren a tientas el camino en una noche sin estrellas. El conductor alza la mirada al cielo, ansioso por confirmar que está siguiendo el camino adecuado. Para protegerse de la oscuridad acechante, solo cuenta con la tenue luz de un farol.

Pero los cielos no lo reconfortan ni iluminan su camino; no desvelan ni un ápice de sus secretos.

La caravana transporta a viajeros que se dirigen a la aldea fronteriza de Valle del Oro. Tú eres uno de ellos. Allí, un señor local ha ofrecido tierras y riqueza a los extranjeros que decidan asentarse en la aldea en busca de un nuevo comienzo.

De repente, te sientes terriblemente indispuesto, y uno de los viajeros le indica al conductor que detenga la caravana. Se detiene justo a tiempo y evita chocar contra el tronco de un árbol caído que bloquea el camino. Esta noche, el viaje no va a continuar.</DefaultText>
      <FemaleText>Cinco vagones recorren a tientas el camino en una noche sin estrellas. El conductor alza la mirada al cielo, ansioso por confirmar que está siguiendo el camino adecuado. Para protegerse de la oscuridad acechante, solo cuenta con la tenue luz de un farol.

Pero los cielos no lo reconfortan ni iluminan su camino; no desvelan ni un ápice de sus secretos.

La caravana transporta a viajeros que se dirigen a la aldea fronteriza de Valle del Oro. Tú eres uno de ellos. Allí, un señor local ha ofrecido tierras y riqueza a los extranjeros que decidan asentarse en la aldea en busca de un nuevo comienzo.

De repente, te sientes terriblemente indispuesta, y uno de los viajeros le indica al conductor que detenga la caravana. Se detiene justo a tiempo y evita chocar contra el tronco de un árbol caído que bloquea el camino. Esta noche, el viaje no va a continuar.</FemaleText>
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      <DefaultText>Cinco vagones recorren a tientas el camino en una noche sin estrellas. El conductor alza la mirada al cielo, ansioso por confirmar que está siguiendo el camino adecuado. Para protegerse de la oscuridad acechante, solo cuenta con la tenue luz de un farol.

Pero los cielos no lo reconfortan ni iluminan su camino; no desvelan ni un ápice de sus secretos.

La caravana transporta a viajeros que se dirigen a la aldea fronteriza de Valle del Oro. Tú eres uno de ellos. Allí, un señor local ha ofrecido tierras y riqueza a los extranjeros que decidan asentarse en la aldea en busca de un nuevo comienzo.

De repente, te sientes terriblemente indispuesto, y uno de los viajeros le indica al conductor que detenga la caravana. Se detiene justo a tiempo y evita chocar contra el tronco de un árbol caído que bloquea el camino. Esta noche, el viaje no va a continuar.</DefaultText>
      <FemaleText>Cinco vagones recorren a tientas el camino en una noche sin estrellas. El conductor alza la mirada al cielo, ansioso por confirmar que está siguiendo el camino adecuado. Para protegerse de la oscuridad acechante, solo cuenta con la tenue luz de un farol.

Pero los cielos no lo reconfortan ni iluminan su camino; no desvelan ni un ápice de sus secretos.

La caravana transporta a viajeros que se dirigen a la aldea fronteriza de Valle del Oro. Tú eres uno de ellos. Allí, un señor local ha ofrecido tierras y riqueza a los extranjeros que decidan asentarse en la aldea en busca de un nuevo comienzo.

De repente, te sientes terriblemente indispuesta, y uno de los viajeros le indica al conductor que detenga la caravana. Se detiene justo a tiempo y evita chocar contra el tronco de un árbol caído que bloquea el camino. Esta noche, el viaje no va a continuar.</FemaleText>
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      <DefaultText>Tras un tiempo que se hace eterno, el rápido descenso se detiene en seco. Te quedas inmóvil, esperando a que el corazón recupere su latido normal y que la vista se ajuste al entorno. Inhalas un aire rancio, olvidado. 

Ante ti, pareces vislumbrar un camino estrecho y erosionado entre la penumbra, que abre un paso sinuoso a través de una caverna tan extensa que parece todo un mundo en sí misma. A lo lejos te parece ver el frío resplandor de de las venas vivientes de adra que aparecen, se bifurcan y se alejan de tu vista desde las turbias profundidades; su brillo marca el camino de forma débil y caprichosa por la antigua pista.

Miras hacia arriba, hacia la abertura por la que acabas de saltar, que ahora no parece más que un punto de luz, una estrella distante y solitaria en medio del cosmos, un punto eternamente inalcanzable. Y, ante ti, el único camino hacia adelante.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bahía del Desafío. La ciudad en el corazón de la revolución del Bosque de Dyr, ahora parece a punto de sumirse en otra.

Los refugiados llenan las calles, sin hogar y sin nada que llevarse a la boca, desplazados por el Legado de Waidwen; han llegado con la esperanza de encontrar alivio dentro de las murallas de la ciudad, pero el esfuerzo ha sido en vano.

Los disidentes se reúnen para protestar y acosar con preguntas, pidiendo que se ponga fin a la animancia y que su duque sea destituido. Los milicianos de la ciudad lanzan miradas temerosas mientras patrullan las calles y sujetan la empuñadura de sus armas con manos temblorosas.

La capital de un país que no hace mucho había incinerado a un dios, ahora parece estar a una chispa de compartir el destino de aquella deidad…</DefaultText>
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      <DefaultText>El humo se levanta sobre las murallas de la ciudad en forma de penachos ascendentes que van ennegreciendo el cielo como una tormenta. Tras las murallas, las revueltas no cesan.

Los conocidos patronos de la animancia se ven obligados a esconderse, mientras los saqueadores arrasan con sus propiedades y se fugan con sus posesiones. Los animantras son separados de sus familias y sacados a rastras de sus hogares para ser lapidados en las calles.

Se ha corrido el rumor de que el duque Aevar había sido asesinado a manos de un animantra. La ciudad no ha perdido el tiempo en aplicar su venganza y no se ha esforzado lo más mínimo en reconsiderar la culpabilidad.

En el centro de todo, el sanatorio de Los Helechos, calcinado. Y más abajo la casa de Hadret, último bastión de estabilidad en el Bosque de Dyr, había sido silenciada.

Ahora, a salvo fuera del portón de la ciudad, tu ruta apunta hacia el oeste, hacia Olmos Gemelos, lugar al que Thaos está vinculado por motivos tan misteriosos como la Llave de Plomo.</DefaultText>
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      <DefaultText>Emprendes la marcha hacia Stalwart. La Ruta Calcárea se alza en la distancia, de norte a sur, abarcando todo lo que tu mirada puede alcanzar. Sus cimas te llaman.

El camino se estrecha hasta parecer una cinta raída y la sombra de las montañas cubre tu ruta. Apenas has iniciado el ascenso cuando el cielo se va oscureciendo y empieza a golpearte con granizo. El suelo se transforma en hielo bajo tus pies.

Sigues avanzando.

El aire se vuelve más fino y los traicioneros pasos montañosos canalizan el aullido del viento junto a tus oídos. Un vendaval te obliga a acampar durante tres días y te acurrucas para protegerte mientras la nieve se apila alrededor de tu refugio.

Por fin, el cielo se despeja cuando llegas a Stalwart. Se escucha un ruido fuerte y seco que procede del pueblo. Al principio parece otro vendaval helado. Pero cuando terminas el ascenso y llegas a las puertas de madera del pueblo, descubres lo que hay al otro lado...</DefaultText>
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      <DefaultText>Cuando saliste de la Batería de Durgan y te adentraste en la nieve exterior, ya se había extendido el rumor de unas extrañas luces que emergían de la fortaleza y lanzaban energía hacia el cielo.

Los supervivientes de Stalwart acudieron en masa a la Batería de Durgan, acelerando el paso por la promesa de lograr, por fin, paz y prosperidad. Repararon sus murallas, recuperaron fuerza y prepararon la ciudad para las nuevas oportunidades que, sin duda, iban a presentarse.

Y ahora que, al fin, se habían silenciado las voces de la Batería de Durgan, nadie escuchaba el gemido distante de algo que se removía entre las cumbres, algo tan gigantesco e incesante como una avalancha.</DefaultText>
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      <DefaultText>Los Rostro sin Mirada han desaparecido debajo del lago, cortando por fin su vínculo con Ondra. Tras la desaparición de esta amenaza, la esperanza ha vuelto a establecerse en la Ruta Calcárea.

Los cazadores han regresado a la jungla y los viajeros han retomado los caminos. Las historias sobre la valentía del observador han sustituido a las de los monstruos de los bosques. Los habitantes de Stalwart han ocupado sus manos con el trabajo y su boca con cánticos, deseosos de alcanzar la promesa de paz.</DefaultText>
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