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      <DefaultText>Bajo tus órdenes, el antiguo dispositivo se convirtió en tu instrumento y giró hasta cobrar vida con un ensordecedor estruendo, acumulando la esencia giratoria como el hilo de una gran rueca.

Allí, en el resplandor pálido y palpitante de la máquina que te lanzó hace ya tiempo por este camino, invocaste toda tu fuerza centrándote en tu objetivo y bloqueando todo lo demás. Con una única explosión arrolladora que sacudió la cámara y te lanzó contra el suelo, liberaste las almas de su estancamiento.</DefaultText>
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      <DefaultText>Exhausto, tu consciencia parecía desvanecerse; lo último que viste fue la máquina, oscura y latente.  Después tus ojos se cerraron y, por fin, llegó el sueño.</DefaultText>
      <FemaleText>Exhausta, tu consciencia parecía desvanecerse; lo último que viste fue la máquina, oscura y latente.  Después tus ojos se cerraron y, por fin, llegó el sueño.</FemaleText>
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      <DefaultText>Una vez concluido vuestro trabajo, Hiravias se marchó en silencio y se fue a su hogar en Thein Bog.

Los ancianos de las grullas pescadoras no cogieron cariño a Hiravias durante su ausencia y, cuando llegó, fue objeto de denuncias y desprecios. Hiravias habló de sus hazañas y de su conversación con Galawain, pero nadie apoyó su petición de regresar a la tribu.</DefaultText>
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      <DefaultText>Hiravias dejó el grupo y, tras su primer baño en muchos años, retomó su estilo de vida nómada.

Al haberse deshecho de la nostalgia que sentía por su hogar, encontró una alegría y una tranquilidad renovadas en su observación viajera de la naturaleza. Por primera vez en su vida se aventuró más allá de las montañas de Eir Glanfath. Durante sus viajes redactó numerosos diarios y bocetos detallando sus viajes a través de la tundra helada, el desierto abrasador y los bosques tropicales.</DefaultText>
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      <DefaultText>Uno a uno, comenzando por el más viejo, Hiravias desafió en un único combate a cada uno de los miembros del consejo, humillando a los rîow en una serie de duelos salvajes.

Tras avergonzar y herir a la mitad del consejo, los ancianos reconocieron la fuerza de Hiravias y lo nombraron cazador de la tribu de las grullas pescadoras.

Tras recibir su título Hiravias abandonó el pueblo tranquilamente y retomó de nuevo su vida errante.</DefaultText>
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      <DefaultText>Allá adonde iba, Hiravias dejaba tras de sí historias del druida de otoño, un hombre del bosque, sabio, temperamental y de un solo ojo, conocido por proporcionarles alimento a los viajeros perdidos y consejos inusuales a cualquiera que deseara hacerle una pregunta.</DefaultText>
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      <DefaultText>Con el nacimiento de su hijo sin alma, los últimos hilos de cordura de lord Raedric se deshilacharon y se deshicieron; su esposa fue la primera víctima de su ira.

Contaba con la protección de su fortaleza y una guarnición de leales soldados a sus órdenes, por lo que siguió destapando todos los resquicios de resistencia entre los ciudadanos de Valle del Oro, reales o aparentes. Al final todos eran colgados de las ramas de los árboles del pueblo, supervisando su ciudad muerta con los ojos vacíos.</DefaultText>
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      <DefaultText>El fervor de lord Raedric le ha devuelto a la vida una vez, pero no volverá a suceder. La destrucción que provocaste a Raedric marcó el final de su soberanía sofocante sobre Valle del Oro y sus alrededores. En su ausencia el pueblo prosperó y se convirtió en un destino popular entre los nuevos colonos, deseosos de dejar Bahía del Desafío a causa de las revueltas. 

Al no tener ningún otro soberano cerca, también se convirtió en un lugar descontrolado. Muchos colonos se asentaban al llegar para después sentirse incómodos por la anarquía reinante, que resultaba excesiva incluso para los estándares dyrianos. Fuere como fuere, y a pesar de los desafíos que implicaba vivir allí, Valle del Oro sobrevivió y seguiría existiendo durante un futuro inmediato.</DefaultText>
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      <DefaultText>Aunque mataste a lord Raedric en su sala del trono, su determinación por deshacerse de todos los eothasianos de su tierra era tal que volvió a la vida encarnado como guardián de la muerte, un cruzado dedicado a su causa brutal. Tras perder los vestigios de su naturaleza humana, Raedric empezó a considerar que todos los habitantes de Valle del Oro eran fieles de Eothas y, un día, dirigió sus tropas personalmente contra el pueblo para hacer una purga y eliminar a los aldeanos de sus tierras. Valle del Oro se convirtió en una corteza hueca; sus edificios fueron destrozados y sus gentes masacradas. Los viajeros y los posibles invasores se lo pensaban dos veces antes de refugiarse en el interior de sus fronteras. 

Lord Raedric regresó a los Dominios de Raedric y allí se quedó, vigilando constantemente sus terrenos yermos.</DefaultText>
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      <DefaultText>El asesinato del duque, presuntamente a manos de un animantra, desencadenó revueltas catastróficas en las calles de Bahía del Desafío, pero quienes habían logrado escapar de la aglomeración en las audiencias de palacio recordaban los testimonios del extraño invitado que se había presentado aquel día y que absolvió la animancia, implicando en su lugar a la Llave de Plomo. 

El rumor se esparció rápidamente y la gente empezó a creer que el asesino había sido un espía de la Llave de Plomo.</DefaultText>
      <FemaleText>El asesinato del duque, presuntamente a manos de un animantra, desencadenó revueltas catastróficas en las calles de Bahía del Desafío, pero quienes habían logrado escapar de la aglomeración en las audiencias de palacio recordaban los testimonios de la extraña invitada que se había presentado aquel día y que absolvió la animancia, implicando en su lugar a la Llave de Plomo. 

El rumor se esparció rápidamente y la gente empezó a creer que el asesino había sido un espía de la Llave de Plomo.</FemaleText>
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      <DefaultText>El asesinato del duque, presuntamente a manos de un animantra, desencadenó revueltas catastróficas en las calles de Bahía del Desafío, y fueron pocos los animantras que sobrevivieron al primer día. 

Durante las semanas siguientes los ciudadanos, poseídos por la rabia al saber que el duque había estado a punto de prohibir la práctica, formaron grupos de vigilantes y persiguieron a los supervivientes.</DefaultText>
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      <DefaultText>El asesinato del duque, presuntamente a manos de un animantra, desencadenó revueltas catastróficas en las calles de Bahía del Desafío, y fueron pocos los animantras que sobrevivieron al primer día. 

Muchos dyrianos interpretaron el fin del Legado de Waidwen como una muestra de que los dioses no aprobaban la animancia y de que la purga de los animantras de Bahía del Desafío les había satisfecho. Con el tiempo su ira se sosegó y varios de los animantras supervivientes permanecieron en la zona de Bahía del Desafío y, a menudo se ocultaban en tierras salvajes para practicar su ciencia sin sufrir repercusiones.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero el orden llegaría pronto de un origen inesperado. Cuando la casa Doemenel se dio cuenta de que la estabilidad favorecía sus negocios, lograron mantener a raya a los criminales a través de una campaña sistemática de miedo e intimidación.

Aprovechando la reputación de audacia conseguida con el asesinato de un mariscal de los Caballeros del Crisol, los doemenelos hicieron uso de su autoridad y asesinaron a todos sus posibles rivales, recaudando dinero de todas las transacciones de la ciudad y convirtiéndose, posiblemente, en la casa más influyente de todo el Bosque de Dyr.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero cuando los Doce se reagruparon después de las revueltas, acabaron rápidamente con toda actividad criminal, patrullando las calles en grupos y administrando su propia justicia contra cualquier sospechoso.

También aprovecharon la oportunidad para deponer de su posición de autoridad a los Caballeros del Crisol, ya debilitados, y los tildaron de traidores del pueblo por las acciones que llevaron a cabo durante las revueltas. Los caballeros que no fueron lapidados a muerte delante de su torreón, se vieron obligados a exiliarse. El contingente exterior de caballeros estacionados en el castillo de Rompefilas permaneció allí y su Justicia Suprema preparaba la reconquista de la ciudad.</DefaultText>
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      <DefaultText>El orden fue restablecido pronto por los Caballeros del Crisol, quienes, a pesar de que sus filas se hubieran diezmado, se habían ganado el favor del público por su participación al destapar la conspiración del Legado de Waidwen, y pronto se fortalecieron con las tropas que regresaron del castillo de Rompefilas.</DefaultText>
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      <DefaultText>La destrucción de la máquina sobre Teir Nowneth marcó el final de los cuerpos reanimados en Colina Patrimonial. Aunque al principio eran pocos los que estaban dispuestos a aventurarse en el distrito abandonado, enseguida lo limpiaron y lo reconstruyeron. Los horrores del distrito seguían frescos en el recuerdo de la gente y todavía tendría que pasar tiempo hasta que se repoblara completamente, pero al final las tierras baratas y de calidad lograron imponerse al recuerdo.</DefaultText>
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      <DefaultText>Aunque se había drenado la esencia acumulada de la máquina situada sobre la torre de Teir Nowneth, todavía estaba en uso. Se reconstruyó Colina Patrimonial y, en cuanto se mudaron las primeras familias para repoblar el distrito, los miembros de la Llave de Plomo, actuando a las órdenes de su gran maestro, subieron a la torre y reactivaron la máquina.

Los iniciados mataron a un puñado de colonos aprovechando la protección de la noche, y vieron cómo se repetía la historia cuando las víctimas se reanimaban y devoraban a los supervivientes. Tras este segundo incidente, el distrito quedó abandonado.</DefaultText>
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      <DefaultText>Aunque se había desactivado la máquina situada sobre la torre de Teir Nowneth, todavía estaba en uso. Se reconstruyó Colina Patrimonial y, en cuanto se mudaron las primeras familias para repoblar el distrito, los miembros de la Llave de Plomo, actuando a las órdenes de su gran maestro, subieron a la torre y reactivaron la máquina.

Los iniciados mataron a un puñado de colonos aprovechando la protección de la noche, y vieron cómo se repetía la historia cuando las víctimas se reanimaban y devoraban a los supervivientes. Tras este segundo incidente, el distrito quedó abandonado.</DefaultText>
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      <DefaultText>La fortaleza de Caed Nua emergió como un bastión de seguridad en medio de una tierra indómita y se convirtió en la envidia de todos los thayns y condes del Bosque de Dyr. La leyenda de su naturaleza inexpugnable fue creciendo con el tiempo, y las historias de invasores formidables destrozados por las defensas de la fortaleza se fueron extendiendo por todas las posadas dyrianas.</DefaultText>
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      <DefaultText>La fortaleza de Caed Nua pasó a ser un punto de referencia para viajeros, comerciantes y dignatarios visitantes.  Tenía reputación de ser la mejor fortaleza de todo el Bosque de Dyr y la gente viajaba de tierras cercanas y lejanas para experimentar su legendaria hospitalidad y grandeza.</DefaultText>
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      <DefaultText>El rejuvenecimiento de Caed Nua fue un esfuerzo breve. Mientras que el alzamiento de un nuevo maestro había presentado nuevas esperanzas de que la fortaleza recuperara su antigua gloria, el tiempo demostró lo contrario. Los planes de mantenimiento de la estructura se pospusieron una y otra vez, hasta que al final fueron abandonados del todo porque su maestro tenía otro tipo de prioridades.</DefaultText>
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      <DefaultText>Tras la muerte de la Señora de las Profundidades, una extraña tranquilidad se apoderó de los Caminos Interminables de Od Nua. Cesaron los ataques sobre la fortaleza de arriba, y el titán silencioso de Od Nua sería lo más parecido a un maestro por sus pasadizos rancios y olvidados.</DefaultText>
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      <DefaultText>La dragona de adra conocida como Señora de las Profundidades y que habitaba ahora el cuerpo de la cazadora Falanroed, pasó por el Bosque de Dyr con un anonimato relativo; su destino final era desconocido incluso para ella.

La última vez que la vieron fue en la ciudad portuaria de Fin de Ruta, subiendo al barco con un talismán de adra brillándole en el cuello.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bajo tus indicaciones, las almas desviadas por Thaos volvieron a los entes vacíos que originalmente estaban destinados para ellas. Por primera vez, los padres de los niños nacidos sin alma se despertaron por el llanto de sus hijos y pudieron ver cómo, al mirarlos a los ojos, les devolvían la mirada. La gente cayó de rodillas, dándole las gracias a Hylea o a Magran, o incluso a Eothas por perdonarles la culpa que creían tener.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bajo tus indicaciones, las miles de almas recogidas en la máquina de Sol en Sombra se desintegraron y su esencia se esparció por el viento como la niebla, para jamás volver a encontrar el camino de regreso a un cuerpo viviente.

Aunque nadie en el Bosque de Dyr sabría realmente lo que sucedió con las almas desaparecidas, muchos seguidores de la Bestia de Invierno tuvieron visiones de éxodos masivos a una tierra de paz eterna, y al día siguiente se celebraron rituales solemnes entre sus fieles.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bajo tus indicaciones, la diosa Woedica recibió por fin la atribución de poder que buscaba, aunque no del modo que esperaba. Las almas turbulentas atrapadas en Sol en Sombra fueron arrastradas a la gran columna de adra y salieron disparadas a través de las venas del mundo hasta lugares inaccesibles para la vista de los mortales.

Aunque no te llegaron noticias de su llegada, para cuando regresaste a Olmos Gemelos ya se había corrido el rumor de un milagro en Isla Sepultura, y estaban llegando los glanfathanos más píos procedentes de todos los lugares para observar la estatua de Woedica con su corona completamente restaurada.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bajo tus indicaciones, la esencia acumulada en Sol en Sombra fue enviada a través del Bosque de Dyr para mezclarse con las almas de su gente y galvanizarlas. Durante los días siguientes los dyrianos, que se enfrentaban a la adversidad y esperaban estar a merced de su propia debilidad, encontraron la fuerza y la voluntad necesarias para perseverar. Los agraviados lograron salir adelante tras la pérdida. Los desesperados encontraron nuevos motivos de esperanza.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bajo tus indicaciones, las almas perdidas de los nacidos sin alma se canalizaron de nuevo hacia la urna de la rueda de Berath para encontrar el camino hacia nuevos entes vacíos y participar de la vida que se les había negado durante el Legado de Waidwen.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bajo tus indicaciones, las almas de los nacidos sin alma, perdidas hacía tiempo para la gente del Bosque de Dyr, fueron enviadas a un lugar o lugares desconocidos por razones tan misteriosas como el dios que lo sugirió. En cuanto se resolvió el misterio de su ubicación se renovó: un nuevo enigma para alguien que todavía debía ser revelado, o tal vez para nadie.</DefaultText>
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      <DefaultText>Hylea, que había esperado que las almas regresaran a los nacidos sin alma, enfureció por tu duplicidad. La diosa de la maternidad exigió nuevos nacimientos como compensación e hizo un trato con Berath para intercambiar muerte por vida nueva.</DefaultText>
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      <DefaultText>La pérdida de almas que habías prometido a la entropía no supondría un retroceso para Rymrgand ni tampoco para Ondra, porque la Bestia de Invierno sigue avanzando y la voluntad de la Dama del Lamento es imparable como las mareas. En el Bosque de Dyr el tiempo no tardó en enfriarse. Las heladas a destiempo destruyeron las cosechas del año y dieron paso al invierno más frío que se recuerda. Muchos de los que sobrevivieron a la hambruna acabaron sucumbiendo cuando se helaron en sus propios hogares.</DefaultText>
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      <DefaultText>Dicen que Galawain es un dios que actúa y se dice que persigue a quienes afrentan a las deidades. Afrentar a Galawain es como despertar a la bestia, y el Padre de los Monstruos se sintió ofendido cuando rompiste su promesa. Junto a Magran y a Abydon, Galawain adoptó un enfoque más directo para reclamar su presa.

Durante los meses siguientes, los asentamientos de la frontera del Bosque de Dyr fueron atacados de un modo inexplicable por manadas de bestias y monstruos, que se organizaron de repente y perdieron el miedo a acercarse a los kith en su propia tierra. Muchos de esos pueblos ya habían sido destruidos cuando pudieron expulsar a las tropas de las guarniciones locales.</DefaultText>
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      <DefaultText>Los seguidores de Berath dicen que la vida es una deuda que todos deben pagar con la muerte, y que su dios siempre recoge lo que se le debe. Al romper tu palabra con Berath se creó una deuda: se le debían almas al ciclo, y no se les podía negar nada a los agentes del dios de lo inevitable.</DefaultText>
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      <DefaultText>Skaen no se tomó a la ligera la afrenta de que le mintieran sobre el destino de las almas de los nacidos sin alma. Al sentir que el desafío estaba garantizado contra todo el Bosque de Dyr por osar reclamar sus almas a su reina, Skaen no tardó en obligar a sus seguidores a invocar a una encarnación de la efigie para que llegara al mundo a vengarse, algo que no había sucedido desde hacía más de un siglo, y jamás a petición del propio dios.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pallegina había perdido la oportunidad de completar su misión para los grandes duques. Después de que la gente del Bosque de Dyr se fortaleciera con el regalo de las almas del observador, pronto retomaron el movimiento comercial con las tribus de Eir Glanfath. Pallegina fue expulsada de la Hermandad de los Cinco Soles por su constante insubordinación y la pérdida del negocio lucrativo. Viajó hacia el norte del Límite Oriental, donde intentó evitarse problemas trabajando de guarda de carromatos, pero no logró escapar de las extrañas miradas y la atención no deseada que despertaba su aspecto.</DefaultText>
      <FemaleText>Pallegina había perdido la oportunidad de completar su misión para los grandes duques. Después de que la gente del Bosque de Dyr se fortaleciera con el regalo de las almas de la observadora, pronto retomaron el movimiento comercial con las tribus de Eir Glanfath. Pallegina fue expulsada de la Hermandad de los Cinco Soles por su constante insubordinación y la pérdida del negocio lucrativo. Viajó hacia el norte del Límite Oriental, donde intentó evitarse problemas trabajando de guarda de carromatos, pero no logró escapar de las extrañas miradas y la atención no deseada que despertaba su aspecto.</FemaleText>
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      <DefaultText>Pallegina había perdido la oportunidad de completar su misión para los grandes duques. El comercio del Bosque de Dyr con Eir Glanfath se mantuvo débil, pero las Repúblicas Vailianas no lograron entrar en los mercados glanfathanos. Pallegina fue expulsada de la Hermandad de los Cinco Soles por su constante insubordinación y la pérdida del negocio lucrativo. Viajó hacia el norte del Límite Oriental, donde intentó evitarse problemas trabajando de guarda de carromatos, pero no logró escapar de las extrañas miradas y la atención no deseada que despertaba su aspecto.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pallegina había actuado en contra de las órdenes de los grandes duques inventando un nuevo acuerdo comercial con la anamanfathiana para organizar la recuperación del mercado dyriano. Después de que la gente del Bosque de Dyr se fortaleciera con el regalo de las almas del observador, las Repúblicas Vailianas tuvieron dificultades para mantenerse a la altura de sus nuevos competidores. Pallegina fue expulsada de las Repúblicas durante varios años a causa de su escandalosa insubordinación y su descaro. Cuando los bosques del sur de Eir Glanfath se abrieron a las Repúblicas y al Bosque de Dyr, los vailianos descubrieron que los esfuerzos combinados de las tres naciones habían creado una red comercial muy robusta. La duquesa de Biageppe le concedió a Pallegina el perdón por su previsión, aunque tardó muchos años en recuperar la confianza de sus superiores y sus hermanos de la orden.</DefaultText>
      <FemaleText>Pallegina había actuado en contra de las órdenes de los grandes duques inventando un nuevo acuerdo comercial con la anamanfathiana para organizar la recuperación del mercado dyriano. Después de que la gente del Bosque de Dyr se fortaleciera con el regalo de las almas de la observadora, las Repúblicas Vailianas tuvieron dificultades para mantenerse a la altura de sus nuevos competidores. Pallegina fue expulsada de las Repúblicas durante varios años a causa de su escandalosa insubordinación y su descaro. Cuando los bosques del sur de Eir Glanfath se abrieron a las Repúblicas y al Bosque de Dyr, los vailianos descubrieron que los esfuerzos combinados de las tres naciones habían creado una red comercial muy robusta. La duquesa de Biageppe le concedió a Pallegina el perdón por su previsión, aunque tardó muchos años en recuperar la confianza de sus superiores y sus hermanos de la orden.</FemaleText>
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      <DefaultText>Pallegina había seguido las órdenes de los grandes duques contribuyendo a establecer un acuerdo comercial exclusivo entre las Repúblicas Vailianas y las tribus de Eir Glanfath. Fortalecidos por el regalo de las almas del observador, los dyrianos, furiosos, se enfrentaron en una guerra contra las Repúblicas durante dos largos años. Las Repúblicas acumularon una gran cantidad de riqueza con el comercio, pero perdieron muchas naves comerciales y miles de vidas. Varias de las familias ducales perdieron la confianza de los ciudadanos. Las revueltas de Selona se cobraron la vida del duque de la ciudad, y los demás grandes duques fueron presionados para que abandonaran sus derechos comerciales exclusivos para poner fin al conflicto con el Bosque de Dyr. Pallegina había sido elogiada por sus servicios en la apertura del comercio, pero su reputación entre los duques y con la Hermandad no se mancilló por lo que sucedió después.</DefaultText>
      <FemaleText>Pallegina había seguido las órdenes de los grandes duques contribuyendo a establecer un acuerdo comercial exclusivo entre las Repúblicas Vailianas y las tribus de Eir Glanfath. Fortalecidos por el regalo de las almas de la observadora, los dyrianos, furiosos, se enfrentaron en una guerra contra las Repúblicas durante dos largos años. Las Repúblicas acumularon una gran cantidad de riqueza con el comercio, pero perdieron muchas naves comerciales y miles de vidas. Varias de las familias ducales perdieron la confianza de los ciudadanos. Las revueltas de Selona se cobraron la vida del duque de la ciudad, y los demás grandes duques fueron presionados para que abandonaran sus derechos comerciales exclusivos para poner fin al conflicto con el Bosque de Dyr. Pallegina había sido elogiada por sus servicios en la apertura del comercio, pero su reputación entre los duques y con la Hermandad no se mancilló por lo que sucedió después.</FemaleText>
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      <DefaultText>Pallegina había actuado en contra de las órdenes de los grandes duques inventando un nuevo acuerdo comercial con la anamanfathiana para organizar la recuperación del mercado dyriano. Como las gentes del Bosque de Dyr todavía estaban debilitadas por el Legado de Waidwen, las Repúblicas Vailianas lograron expulsar fácilmente a sus posibles competidores. Pallegina fue expulsada de las Repúblicas a causa de su escandalosa insubordinación y su descaro. Viajó hacia el norte en el Límite Oriental, evitando los puertos vailianos e introduciéndose entre los Viajeros Complacientes. A pesar de su valentía y dedicación para con quienes tenía a su cargo, su aspecto extraño la hacía sentirse como una extraña allá adonde iba.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pallegina había seguido las órdenes de los grandes duques contribuyendo a establecer un acuerdo comercial exclusivo entre las Repúblicas Vailianas y las tribus de Eir Glanfath. Como las gentes del Bosque de Dyr todavía estaban debilitadas por el Legado de Waidwen, las Repúblicas Vailianas lograron expulsar fácilmente a sus posibles competidores. El Bosque de Dyr sufrió terriblemente por el comercio perdido mientras las Repúblicas se beneficiaban con ello. Pallegina fue elogiada por su servicio y nombrada guardia personal de la duquesa de Spirento. A pesar de su éxito, lamentaba las decisiones que había tomado.</DefaultText>
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      <DefaultText>Edér decidió no regresar a Valle del Oro. Todavía se sentía más cómodo alejado de las ciudades y, por ello, decidió asentarse en el Paso de Dyr, un lugar que, como muchas ciudades del Bosque de Dyr, empezaba a mostrar indicios de recuperación.

Convencido de que los kith tenían la obligación de ser los líderes que sus dioses no habían sabido ser, Edér fue nombrado alcalde de la ciudad y, bajo su soberanía, el Paso de Dyr comenzó a prosperar rápidamente. Expulsó a los últimos skaenitas de la zona y atrajo a nuevos colonos con la oferta, un truco que había aprendido de alguien a quien prefería olvidar. Cada día el Paso de Dyr se iría pareciendo más al Valle del Oro de la infancia de Edér, aquel lugar que hacía honor a su nombre.</DefaultText>
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      <DefaultText>Edér decidió no regresar al Valle del Oro. A través de unas cuantas investigaciones discretas, enseguida encontró el modo de entrar en la organización clandestina de eothasianos llamada Mercado Nocturno. 

Irónicamente, al descubrir que los dioses eran seres inventados, Edér renovó su fe en Eothas, y el hecho de que su dios no estuviera vivo ni fuera realmente un dios le pareció irrelevante. Rápidamente ascendió por los rangos del Mercado Nocturno por su optimismo y su coraje en el liderazgo. Su objetivo final consistía en hacer que el Bosque de Dyr fuera un lugar donde los seguidores del Dios Resplandeciente volvieran a ser acogidos.</DefaultText>
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      <ID>56</ID>
      <DefaultText>Cuando pasó la tormenta en Sol en Sombra, Aloth observó los restos de Thaos ix Arkannon, su antiguo maestro. Vio dónde se había equivocado el gran maestro, consciente de qué podría mejorar.

El secreto de los dioses se preservaría y, con él, la cordura y el bienestar de todos los kith. Se puso los restos del traje ceremonial de Thaos y se preparó para la larga y solitaria tarea que debía emprender.</DefaultText>
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      <DefaultText>Cuando pasó la tormenta en Sol en Sombra, Aloth observó los restos de Thaos ix Arkannon, su antiguo maestro. Vio dónde se había equivocado el gran maestro y comprendió que había que hacer para deshacer el daño provocado por Thaos.</DefaultText>
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      <ID>58</ID>
      <DefaultText>Después de que lo echara el observador, Aloth se vio desvinculado de todas las figuras de autoridad y aliados que había conocido: su familia, su tierra, la Llave de Plomo y, por último, el observador.

Pasó varios días caminando en solitario, recorriendo pueblos y asentamientos. Los dyrianos que encontraba a su paso miraban al aedyrano harapiento con desconfianza, y no se quedaba el tiempo suficiente para permitir que sus recelos se tradujeran en violencia.</DefaultText>
      <FemaleText>Después de que lo echara la observadora, Aloth se vio desvinculado de todas las figuras de autoridad y aliados que había conocido: su familia, su tierra, la Llave de Plomo y, por último, la observadora.

Pasó varios días caminando en solitario, recorriendo pueblos y asentamientos. Los dyrianos que encontraba a su paso miraban al aedyrano harapiento con desconfianza, y no se quedaba el tiempo suficiente para permitir que sus recelos se tradujeran en violencia.</FemaleText>
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      <DefaultText>Tras cumplir los objetivos de los dos, Kana Rua se despidió del observador y navegó de vuelta a su querida Rauatai. Allí informó de sus descubrimientos a la escuela de la tradición. Kana habló de los engwithanos, describiendo sus crueles experimentos y sus logros inspiradores. 

También habló de la destrucción de la tabla por parte de la Llave de Plomo, y de los esfuerzos del grupo por borrar del mundo el legado engwithano. Dijo que en el mundo, más allá de las fronteras de Rauatai, se podía encontrar tanto inspiración como historias admonitorias. Kana instó a su gente a seguir buscando el conocimiento en el extranjero, para que las lecciones que encontraran allí pudieran beneficiar a Tâkowa.</DefaultText>
      <FemaleText>Tras cumplir los objetivos de los dos, Kana Rua se despidió de la observadora y navegó de vuelta a su querida Rauatai. Allí informó de sus descubrimientos a la escuela de la tradición. Kana habló de los engwithanos, describiendo sus crueles experimentos y sus logros inspiradores. 

También habló de la destrucción de la tabla por parte de la Llave de Plomo, y de los esfuerzos del grupo por borrar del mundo el legado engwithano. Dijo que en el mundo, más allá de las fronteras de Rauatai, se podía encontrar tanto inspiración como historias admonitorias. Kana instó a su gente a seguir buscando el conocimiento en el extranjero, para que las lecciones que encontraran allí pudieran beneficiar a Tâkowa.</FemaleText>
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      <ID>61</ID>
      <DefaultText>Tras cumplir los objetivos del observador y también sus votos, Kana Rua navegó de vuelta a Tâkowa. Sus familiares y amigos lo encontraron muy cambiado, pues un humor sombrío había invadido al hombre, sofocando su entusiasmo de antaño.

Tras ser convocado por la escuela de la tradición, Kana les habló del dolor que el legado engwithano había provocado en tierras extranjeras. Insistió en que la búsqueda de respuestas en el extranjero solo serviría para fragmentar a las gentes de Rauatai, como había sucedido en el Bosque de Dyr. Sus descubrimientos fueron acogidos con gran respeto, y la voz de Kana Rua pasó a ser un elemento influyente en el creciente movimiento hacia el aislamiento de Rauatai.</DefaultText>
      <FemaleText>Tras cumplir los objetivos de la observadora y también sus votos, Kana Rua navegó de vuelta a Tâkowa. Sus familiares y amigos lo encontraron muy cambiado, pues un humor sombrío había invadido al hombre, sofocando su entusiasmo de antaño.

Tras ser convocado por la escuela de la tradición, Kana les habló del dolor que el legado engwithano había provocado en tierras extranjeras. Insistió en que la búsqueda de respuestas en el extranjero solo serviría para fragmentar a las gentes de Rauatai, como había sucedido en el Bosque de Dyr. Sus descubrimientos fueron acogidos con gran respeto, y la voz de Kana Rua pasó a ser un elemento influyente en el creciente movimiento hacia el aislamiento de Rauatai.</FemaleText>
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      <DefaultText>Tras cumplir los objetivos de los dos, Kana Rua se despidió del observador y navegó de vuelta a su querida Rauatai. Allí se presentó ante la escuela de la tradición, decidido a guiar a su gente por un camino mejor. 

Ante sus intrigados compañeros, habló de los logros de las grandes gentes de Engwith y de sus esfuerzos por llevar la paz a Rauatai, y también de las innumerables culturas de Eora. Presentó la tabla rota como prueba de la existencia del Tanvii ora Toha más allá de las fronteras de Rauatai, y de los ideales compartidos de las gentes de Eora.</DefaultText>
      <FemaleText>Tras cumplir los objetivos de los dos, Kana Rua se despidió de la observadora y navegó de vuelta a su querida Rauatai. Allí se presentó ante la escuela de la tradición, decidido a guiar a su gente por un camino mejor. 

Ante sus intrigados compañeros, habló de los logros de las grandes gentes de Engwith y de sus esfuerzos por llevar la paz a Rauatai, y también de las innumerables culturas de Eora. Presentó la tabla rota como prueba de la existencia del Tanvii ora Toha más allá de las fronteras de Rauatai, y de los ideales compartidos de las gentes de Eora.</FemaleText>
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      <DefaultText>Tras cumplir los objetivos del observador y también sus votos, Kana Rua navegó de vuelta a Rauatai pensando en las lecciones que había aprendido durante sus viajes. Cuando llegó a Tâkowa, ya sabía cuál debía ser su camino. 

Se presentó ante la escuela de la tradición, donde Kana Rua explicó que la tabla que buscaba había sido destruida, por lo que ya no podía haber una interpretación verídica del Tanvii ora Toha; las gentes de Rauatai tendrían que crear la suya propia. Describió las extrañas cosas que había visto en sus viajes y anunció su intención de buscar la acumulación de conocimientos en el extranjero, buscando respuestas a nuevas preguntas.</DefaultText>
      <FemaleText>Tras cumplir los objetivos de la observadora y también sus votos, Kana Rua navegó de vuelta a Rauatai pensando en las lecciones que había aprendido durante sus viajes. Cuando llegó a Tâkowa, ya sabía cuál debía ser su camino. 

Se presentó ante la escuela de la tradición, donde Kana Rua explicó que la tabla que buscaba había sido destruida, por lo que ya no podía haber una interpretación verídica del Tanvii ora Toha; las gentes de Rauatai tendrían que crear la suya propia. Describió las extrañas cosas que había visto en sus viajes y anunció su intención de buscar la acumulación de conocimientos en el extranjero, buscando respuestas a nuevas preguntas.</FemaleText>
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      <DefaultText>Tras despedirse del observador, Kana Rua partió de nuevo en busca del Tanvii ora Toha. Juntó sus provisiones y descendió por los Caminos Interminables de Od Nua en busca del libro sagrado. Y allí, desapareció. 

Lo que fue de él sigue siendo un misterio.</DefaultText>
      <FemaleText>Tras despedirse de la observadora, Kana Rua partió de nuevo en busca del Tanvii ora Toha. Juntó sus provisiones y descendió por los Caminos Interminables de Od Nua en busca del libro sagrado. Y allí, desapareció. 

Lo que fue de él sigue siendo un misterio.</FemaleText>
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      <DefaultText>Después de todo lo que había aprendido en compañía del observador, Kana Rua ya no le encontraba sentido a la búsqueda del Tanvii ora Toha. Decidió dejar los restos del tomo en las profundidades de los Caminos Interminables y regresar a casa. Kana se despidió del observador y navegó de vuelta a Rauatai; se pasó todo el tempestuoso trayecto reflexionando sobre el tiempo que había perdido persiguiendo falsedades. 

La familia de Kana lo encontró muy cambiado, pues su emoción exaltada había dado paso a una solemnidad agotada. Decidido a cambiar su existencia viajera, Kana adoptó una vida tranquila como guardián de las tradiciones en la escuela, enseñándoles a los jóvenes estudiantes las tradiciones de su gente.</DefaultText>
      <FemaleText>Después de todo lo que había aprendido en compañía de la observadora, Kana Rua ya no le encontraba sentido a la búsqueda del Tanvii ora Toha. Decidió dejar los restos del tomo en las profundidades de los Caminos Interminables y regresar a casa. Kana se despidió de la observadora y navegó de vuelta a Rauatai; se pasó todo el tempestuoso trayecto reflexionando sobre el tiempo que había perdido persiguiendo falsedades. 

La familia de Kana lo encontró muy cambiado, pues su emoción exaltada había dado paso a una solemnidad agotada. Decidido a cambiar su existencia viajera, Kana adoptó una vida tranquila como guardián de las tradiciones en la escuela, enseñándoles a los jóvenes estudiantes las tradiciones de su gente.</FemaleText>
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      <ID>67</ID>
      <DefaultText>Después de que Thaos fuera derrotado y una vez liberadas las almas del Sol en Sombra, en el Bosque de Dyr comenzaron a nacer de nuevo niños sanos. 

Aparecieron recuerdos agradables y pacíficos para llenar las grietas de la mente de la Madre Afligida. Regresó a la Campana del Alumbramiento, sin saber que el pueblo cercano se había convertido en un lugar desolado y vacío durante su ausencia. Después inició su vigilia incesante sobre el adra, esperando a madres y niños que nunca llegaron.</DefaultText>
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      <DefaultText>Después de que Thaos fuera derrotado y una vez liberadas las almas del Sol en Sombra, en el Bosque de Dyr comenzaron a nacer de nuevo niños sanos. 

La Madre Afligida buscó un lugar donde poder hacer penitencia por la Campana del Alumbramiento. Regresó al Paso de Dyr donde, para sorpresa de sus habitantes, trajo al mundo al primer niño sano en más de una década. Se quedó allí y, con cada nuevo nacimiento, vio que una dosis de esperanza se restablecía en el Bosque de Dyr, y una dosis de bendición cubría su dificultoso pasado.</DefaultText>
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      <DefaultText>Durador solo utilizó la fuerza de Magran hasta que Thaos fue expulsado del mundo, y después abandonó completamente su influencia. El remordimiento fue ganando peso en su mente, y un hombre al que nunca antes le habían faltado las palabras ni las opiniones decidió dedicarse al silencio y la contemplación.

Siguió caminando, arruinado y desamparado, en busca ahora no de los motivos tras el silencio de su diosa, sino de un mecanismo para la venganza. Siguió llevando la túnica chamuscada para recordar que había sido quemado por su diosa, y no solo por las llamas del Martillo Divino.</DefaultText>
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      <DefaultText>Durador siguió culpando a Woedica de las atrocidades de la Guerra del Santo. Convencido de que Magran había sido un mero peón en las maquinaciones de La Que Fue Reina, y sintiendo que la expulsión de Thaos había supuesto un paso hacia la reconciliación con su diosa, Durador trató, durante un tiempo, de restablecer la comunicación con ella. Pero, cuando no obtuvo más que silencio, lo interpretó como una condena de su existencia continuada.

Al final, construyó una pira y se lanzó sobre ella, utilizando su báculo deshecho como leña.</DefaultText>
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      <DefaultText>Tras cinco años buscando a Persoq, los cuatro meses del trayecto de Sagani a casa le parecieron aún más largos. El Bosque de Dyr, Eir Glanfath, las Repúblicas Vailianas se convirtieron en lugares sobre mapas, interminables extensiones verdes entre ella y Naasitaq.</DefaultText>
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      <DefaultText>Sagani vivió los cuatro meses del trayecto de vuelta a Massuk con alegres colores. Trató de memorizar cada momento de su viaje final a través del Bosque de Dyr, Eir Glanfath, las Repúblicas Vailianas y más allá, preparándose para contarle a su pueblo lo que había visto en su largo viaje.</DefaultText>
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      <DefaultText>Durante los cuatro meses del viaje de vuelta a Naasitaq, Sagani descubrió que los paisajes que recorría eran extraños, carentes de color, y la comida era insípida, incapaz de saciarle. Vio cómo el Bosque de Dyr, Eir Glanfath, las Repúblicas Vailianas y las tierras siguientes pasaban con una monótona sensación de temor.

Regresó a casa para encontrarse ante una gran celebración, pero las palabras de alegría y felicitación sonaban huecas en su interior.</DefaultText>
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      <DefaultText>Para ti, la muerte de Thaos puso fin a tus visiones en vigilia y silenció los susurros del pasado. Ahora, eras capaz de dormir.

Las cuestiones de una vida distante dejaron de preocupar a tu alma. Lo único que quedaba era cómo interpretar la respuesta.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero en ese momento no se podía hacer mucho, y el asunto tendría que esperar. Te esperaba un largo viaje.</DefaultText>
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      <DefaultText>Con un giro de su muñeca quemó la túnica de Thaos, su tocado y todos sus símbolos de poder. Juró que los kith jamás volverían a vivir sumidos en el miedo y la obediencia ciega a una autoridad que no comprendían.

Armado con el conocimiento y el coraje que había adquirido durante sus viajes con el observador, emprendió la misión larga y solitaria de desmantelar la Llave de Plomo.</DefaultText>
      <FemaleText>Con un giro de su muñeca quemó la túnica de Thaos, su tocado y todos sus símbolos de poder. Juró que los kith jamás volverían a vivir sumidos en el miedo y la obediencia ciega a una autoridad que no comprendían.

Armado con el conocimiento y el coraje que había adquirido durante sus viajes con la observadora, emprendió la misión larga y solitaria de desmantelar la Llave de Plomo.</FemaleText>
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      <DefaultText>Por fin pasó el último municipio y llegó a las tierras salvajes de Eir Glanfath, habitadas por bestias y cazadores. Pero ni unas ni otros se acercaron a él y, al final, llegó hasta las ruinas de los engwithanos.

Le resultó relativamente fácil encontrar una de las antiguas máquinas. Cuando lo hizo, recordó los rituales que había aprendido del observador. Con un suspiro final activó el dispositivo y rindió su alma ante los poderes del más allá.</DefaultText>
      <FemaleText>Por fin pasó el último municipio y llegó a las tierras salvajes de Eir Glanfath, habitadas por bestias y cazadores. Pero ni unas ni otros se acercaron a él y, al final, llegó hasta las ruinas de los engwithanos.

Le resultó relativamente fácil encontrar una de las antiguas máquinas. Cuando lo hizo, recordó los rituales que había aprendido de la observadora. Con un suspiro final activó el dispositivo y rindió su alma ante los poderes del más allá.</FemaleText>
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      <DefaultText>Todo Massuk celebró su vuelta a casa, pero lo que más alegría le produjo fue el reencuentro con Kallu y sus hijos. Renunció a su participación en las largas cacerías; Itumaak y ella pasaban los días trabajando en el pueblo, y las noches junto al fuego del hogar. Vio crecer y prosperar a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

Cuando falleció, lo hizo rodeada del cariño y las lágrimas de cinco generaciones.</DefaultText>
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      <DefaultText>Todo Massuk compartió su triunfo y ella sintió el orgullo y la euforia magnificados por la alegría de su pueblo. Jamás volvió a dudar del valor de sus sacrificios.

Tras décadas como cazadora, Sagani se convirtió en una de las ancianas más respetadas de Massuk. Guió a su comunidad con sus sabios consejos y, una generación después de su muerte, otra cazadora emprendió un viaje por el mundo en busca de su alma.</DefaultText>
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      <DefaultText>Las viejas y amadas canciones de siempre sonaban sin melodía; los rituales de cambio de estación resultaban monótonos; y Sagani vivió la vida de vuelta en Massuk como si habitara la piel de otro. 

Luchó por sentir el valor de sus acciones o, al menos, para que su pueblo lo sintiera. Lideró cacerías más largas y ambiciosas, orientando a otros exploradores más jóvenes que la seguían. En una de esas expediciones, su grupo se vio azotado por una ventisca y ella siguió avanzando, pero sus compañeros dieron la vuelta. No regresó a Massuk.</DefaultText>
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      <DefaultText>La incapacidad de Kana para demostrar su teoría de la influencia engwithana redujo su prestigio académico, pero su pasión atrajo mucho interés de quienes no estaban demasiado preocupados por las titulaciones. Rápidamente, Kana se convirtió en una figura influyente en el movimiento hacia un enfoque más colaborador en la expansión por el continente del norte. Durante su vida profesional, se ganó la reputación de ser una persona excéntrica pero afable, dispuesta a compartir secretos grandes e imposibles con una bebida y una canción.</DefaultText>
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      <DefaultText>Fiel a su palabra, Kana zarpó ponto en otra expedición, y en Tâkowa sus apasionantes narraciones inspiraron a muchos a seguir sus pasos.</DefaultText>
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      <DefaultText>Kana promulgó una nueva era en la cultura de Rauatai, donde su gente podría ocupar su lugar al frente del progreso y allanar el camino para un futuro mejor. El discurso de Kana Rua resultó inspirador y su voz se consideró un elemento influyente en el avance hacia un progreso continuo en el continente del norte.</DefaultText>
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      <DefaultText>Tras recobrar el conocimiento y buscar durante un tiempo, descubriste la ruta que Thaos utilizó para entrar en Sol en Sombra, y te embarcaste en un ascenso largo y arduo de vuelta a la superficie. 

Saliste en la torre de Teir Evron tras varios días recorriendo túneles a través de los escombros que Thaos había dejado tras de sí y, cuando viste la luz del día, te encontraste con un Bosque de Dyr diferente al que habías dejado.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero, aunque algunos padres encontraron alivio, otros solo encontraron más dolor, ya que miles de nacidos sin alma habían muerto durante el Legado de Waidwen, muchos de ellos a manos de sus padres, y para estos niños la vuelta a casa no sería posible. 

Pero el último nacimiento sin alma ya era cosa del pasado, y los padres dispuestos a arriesgar un nuevo embarazo a menudo eran recompensados, muchas veces con gemelos. Muchos sentían la presencia de la mano de Hylea, por lo que el año sería recordado como el Año del Esplendor de Hylea.</DefaultText>
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      <DefaultText>El último nacimiento sin alma en el Bosque de Dyr ya era cosa del pasado, por lo que la tranquilidad había llegado por fin no solo a las almas de los nacidos sin alma, sino a todas las gentes del Bosque de Dyr.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero, para el Bosque de Dyr, el último nacimiento sin alma ya era agua pasada y el país celebraba el fin del Legado de Waidwen, a pesar de no saber lo que podría depararle el destino.</DefaultText>
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      <DefaultText>Había muchos motivos de esperanza, pues el Legado de Waidwen había tocado a su fin después de quince años. Los nacimientos sin alma cesaron en el Bosque de Dyr, y un país que solo unos días antes parecía al borde del colapso se vio de repente en un proceso de recuperación; un país más preparado, más resistente en la imagen preferida del dios de la caza.</DefaultText>
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      <DefaultText>Aunque los padres de los nacidos sin alma seguirían sin ser más que eso, el final del Legado de Waidwen traería un torrente de nuevos nacimientos sanos, donde muchos de los niños portaban almas que habían estado destinadas a los niños nacidos sin alma. El ciclo natural de la vida y la muerte se había restablecido en el Bosque de Dyr y, con ello, llegó una fe renovada en la providencia de los dioses.</DefaultText>
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      <DefaultText>Para los habitantes del Bosque de Dyr, la pregunta permanecería inmutable, pues la verdad resultaba incomprensible. Un día, los nacimientos sin alma cesaron igual que habían llegado, sin explicación alguna. Los dyrianos estaban pletóricos al conocer el fin del Legado, pero tuvieron que contentarse con sus propias elucubraciones para justificar el cómo y el por qué de todo aquello. Pero quizá esta fue la intención de Wael.</DefaultText>
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      <DefaultText>El cielo del Bosque de Dyr se oscureció, abarrotado de manadas de pájaros y otras criaturas aladas invocadas para reclamar un derecho que la madre celestial consideraba que le pertenecía. Durante meses, los habitantes del Bosque de Dyr fueron obligados a mantenerse a cubierto por miedo a sufrir terribles ataques inexplicables desde el cielo, que estaban diezmando pueblos enteros y dejando las calles de Bahía del Desafío cubiertas de cadáveres llenos de picadas.</DefaultText>
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      <DefaultText>Los océanos no resultaron ser más seguros. Fuertes tormentas asolaron los puertos de la costa dyriana durante meses y numerosos barcos se perdieron para siempre en las profundidades dentro del límite de Ondra, algunos fueron llorados y otros olvidados pero, en todo caso, siempre fue para gusto de la Dama.</DefaultText>
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      <DefaultText>Los que no fueron destruidos por las bestias de Galawain acabaron a merced de los fuegos de Magran. Una sequía arrasó el Bosque de Dyr y desencadenó una oleada de incendios en los bosques que no se había visto desde la Guerra de los Árboles Negros. Muchos asentamientos pagaron el precio de estar demasiado cerca de la selva.

Mientras tanto, en las ciudades, los expertos en animancia que habían colocado almas en gólems y en otros entes vacíos en movimiento, pronto descubrieron que sus creaciones se habían alzado contra ellos. Esos constructos aterrorizaron a su entorno, matando de manera indiscriminada y, a menudo, eliminando a muchos individuos antes de ser sometidos.</DefaultText>
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      <DefaultText>Una epidemia de muertes inexplicables arrasó el Bosque de Dyr durante los días siguientes al fin del Legado. La mayoría de las víctimas eran viajeros de los caminos, famosos por ser los objetivos preferidos de la Dama Pálida de Berath, que demanda peajes imposibles a quienes llevan viajando demasiado tiempo. La cifra de ancianos muertos también era alarmante. Pero, con la misma frecuencia, la muerte asestaba su golpe de forma aleatoria, sin motivo alguno.

Quienes sentían que el Dios Hermanado tenía algo que ver, llamaron a esta desgracia 'El precio de Berath', considerando que se trataba de un pago por el fin del Legado de Waidwen.</DefaultText>
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      <DefaultText>En el corazón de la bulliciosa ciudad de Nueva Heomar, los skaenitas mutilaron y desfiguraron a uno de los suyos, le arrancaron los ojos, el pelo, la nariz y los genitales, le cortaron por todas partes y sustituyeron sus ojos por unas piedras negras. Al ente elegido se le dio sangre de beber, no de un noble, como exigía el ritual, sino de una docena de dyrianos comunes. La encarnación de la efigie nacida en ese cuerpo era tan brutal como cualquiera de las que se había conocido a lo largo de la historia, asesinando incesantemente a cientos y practicando rituales de mutilación en los cuerpos antes de caer,  satisfechos.</DefaultText>
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      <DefaultText>Valle del Oro se mantuvo bajo la estricta soberanía de lord Raedric, quien reinó sin oposición tras la muerte de su primo Kolsc y siguió aterrorizando a los habitantes de Valle del Oro, buscando eothasianos entre ellos.

Pero para Raedric, el fin repentino e inesperado del Legado de Waidwen   era un indicio de su éxito y del fruto de todos sus esfuerzos y, con el tiempo, su gente también llegó a creerlo. Relajó su uso de la autoridad y dejó de ver a su gente como una amenaza potencial. Valle del Oro empezó a recuperar parte de su brillo de antaño.</DefaultText>
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      <DefaultText>Cuando terminó el Legado la gente lo vio no como un signo de que las revueltas habían satisfecho los deseos de los dioses, como había esperado Thaos, sino como una confirmación de que la animancia nunca había sido el origen del problema. 

En lugar de eso, los dyrianos se convencieron de que las revueltas habían, de algún modo, purgado Bahía del Desafío eliminando a los espías de la Llave de Plomo, y que el fin del Legado de Waidwen era su merecida recompensa.

La ira contra los animantras pasó rápidamente al olvido, y los que sobrevivieron pudieron regresar al sanatorio de Los Helechos para reconstruirlo y retomar sus estudios.</DefaultText>
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      <DefaultText>El sanatorio fue decorado con las cabezas y los torsos desmembrados de quienes habían practicado la ciencia, y a todo el que descubrieran estudiándola a partir de ese momento lo incluirían en la macabra exhibición. La era de la animancia en el Bosque de Dyr se había detenido de manera abrupta.</DefaultText>
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      <ID>106</ID>
      <DefaultText>A Bahía del Desafío no le fueron bien las cosas. Los doemenelos se habían llevado todo el cobre, los precios se pusieron por las nubes y el comercio se detuvo. Mucha gente no tenía modo de ganarse la vida o se vio obligada a dejar su hogar para cedérselo a otros más favorecidos por la casa de Doemenel. Delitos menores, prostitución y mendicidad alcanzaron nuevas cotas, y muchos huyeron de la ciudad en manada rumbo a la economía más favorecida de Nueva Heomar.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero el orden llegaría pronto de un origen inesperado. Cuando la casa de Doemenel se dio cuenta de que la estabilidad favorecía sus negocios, lograron mantener a raya a los criminales a través de una campaña sistemática de miedo e intimidación.

Aprovechando la antipatía mutua de los Doce y los Caballeros del Crisol, la casa de Doemenel siguió manipulando a ambos grupos desde las sombras, asegurando su declive y suplantando, al final, su autoridad en Bahía del Desafío.</DefaultText>
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      <DefaultText>Bahía del Desafío se benefició del ascenso de los doemenelos. Sus sutiles maniobras políticas y la falta de supervisión legal les permitió negociar varios acuerdos comerciales favorables, lo que reavivó la economía de la ciudad. 

Aunque su cauto enfoque ante las consecuencias del Legado probablemente les había impedido gozar de notoriedad fuera de Bahía del Desafío, la riqueza y la influencia de la casa de Doemenel siguieron creciendo sin control.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pronto, los Doce se vieron saturados por los problemas de una metrópolis sin liderazgo y, durante los días y meses venideros, Bahía del Desafío estuvo al borde del colapso.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero cuando los Doce se reagruparon después de las revueltas, acabaron rápidamente con toda actividad criminal, patrullando las calles en grupos y administrando su propia justicia contra cualquier sospechoso.

Pero esto no fue obra de la justicia de las masas... Los Doce se habían tomado en serio la fuerza de sus adversarios, los Caballeros del Crisol, y emergieron como una fuerza mucho más organizada y disciplinada. Con el declive de la fuerza de los otros poderes de Bahía del Desafío, los líderes de los Doce aprovecharon la oportunidad para establecer su propio grupo como elemento dominante en las fuerzas de paz de la ciudad.</DefaultText>
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      <DefaultText>Muy pronto, los Doce se vieron saturados por los problemas de una metrópolis sin liderazgo, pero encontraron a un nuevo aliado en las molestas fuerzas supervivientes de los Caballeros del Crisol, que conocían la infraestructura de la ciudad y eran capaces de mantener a raya la mayoría de sus problemas.</DefaultText>
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      <DefaultText>Para los Caballeros, su resurgimiento también supuso un retorno a la tradición. Al haber visto de primera mano los peligros derivados de los expertos en animancia, la orden decidió abolir internamente esta práctica de forma inmediata, pues preferían la familiaridad de sus martillos y forjas a la incertidumbre de la esencia y el adra. Tras redescubrir su identidad, los Caballeros contuvieron en gran medida sus aspiraciones políticas y comenzaron, una vez más, a entrenar a todos sus reclutas en el arte de la herrería, retomando los ideales pos-revolucionarios del Bosque de Dyr, y recuperando, de este modo, el respeto de los ciudadanos.</DefaultText>
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      <DefaultText>El orden fue restablecido pronto por los Caballeros del Crisol quienes, a pesar de que sus filas se hubieran diezmado, se habían ganado el favor del público por su participación al destapar la conspiración del Legado de Waidwen, y pronto se fortalecieron con las tropas que regresaron del castillo de Rompefilas.

Al haber visto tanto los peligros como las promesas de la animancia, los Caballeros empezaron a llevar a cabo, en silencio, una exploración más cauta de esta nueva ciencia. Con menos unidades pero fortalecidos por su nuevo armamento reforzado por almas y un pequeño contingente de caballeros de forja, los Caballeros del Crisol pronto se convertirían en una orden respetada y temida en Bahía del Desafío.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero la oportunidad de desarrollar su recién estrenado poder supuso una tentación demasiado grande para la Justicia Suprema, y lo que en principio iba a ser un acercamiento controlado a la animancia pronto se convirtió en una rápida acumulación de armamento. La Justicia Suprema acabó haciéndose con el control de la ciudad para su orden y declaró la ley marcial en toda Bahía del Desafío.</DefaultText>
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      <DefaultText>La fortaleza de Caed Nua emergió como un bastión de seguridad en medio de una tierra indómita y se convirtió en la envidia de todos los thayns y condes del Bosque de Dyr. La leyenda de su naturaleza inexpugnable fue creciendo con el tiempo, y las historias de invasores formidables destrozados por las defensas de la fortaleza se fueron extendiendo por todas las posadas dyrianas. 

También se convirtió en un punto de referencia para viajeros, comerciantes y dignatarios visitantes.  Tenía reputación de ser la mejor fortaleza de todo el Bosque de Dyr y la gente viajaba de tierras cercanas y lejanas para experimentar su legendaria hospitalidad y grandeza.</DefaultText>
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      <DefaultText>Tras el asesinato del duque Aevar Wolfgrin y de lady Webb, Bahía del Desafío se vio sumida en una agitación política y, durante las semanas siguientes, las calles fueron tomadas por saqueadores y granujas, y pocos eran los que se atrevían a salir de sus casas solos o desarmados.</DefaultText>
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      <DefaultText>Colina Patrimonial, que nunca logró exorcizar la maldición que había convertido a sus habitantes en monstruos caníbales, quedó abandonada y se convirtió en un lugar donde no entraban más que adolescentes y borrachos en busca de aventuras de las que no volverían jamás. 

Por la noche, unos extraños sonidos (ruidos guturales y pasos arrastrando los pies) hicieron que se marcharan también los residentes que vivían a las afueras del distrito.</DefaultText>
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      <DefaultText>Sagani y el observador nunca encontraron juntos a Persoq. Cuando salieron de Sol en Sombra, la figura de adra se había vuelto oscura y todavía tuvo que pasar otro mes antes de que Sagani aceptara, por fin, que había vuelto a perderle la pista a Persoq.

Su búsqueda la llevó más allá del Bosque de Dyr, incluso hasta las Tierras Vivientes. Vio las grandes ciudades costeras de Rauatai y las ruinas de la Antigua Vailia, absorbiendo los detalles de estas tierras extrañas y distantes.</DefaultText>
      <FemaleText>Sagani y la observadora nunca encontraron juntos a Persoq. Cuando salieron de Sol en Sombra, la figura de adra se había vuelto oscura y todavía tuvo que pasar otro mes antes de que Sagani aceptara, por fin, que había vuelto a perderle la pista a Persoq.

Su búsqueda la llevó más allá del Bosque de Dyr, incluso hasta las Tierras Vivientes. Vio las grandes ciudades costeras de Rauatai y las ruinas de la Antigua Vailia, absorbiendo los detalles de estas tierras extrañas y distantes.</FemaleText>
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      <DefaultText>Pasaron veinte años antes de que la figura de adra volviera a brillar. Cuando lo hizo, ella siguió su señal hasta una pequeña aldea a las afueras de Aedyr. Allí encontró a una joven granjera a la que habló de su pasado como anciana de Massuk.

Sagani regresó al pueblo que había olvidado su rostro, pero recordaba su historia. Massuk la acogió con una calidez prudente y Sagani descubrió que su modo de vida le resultaba ajeno.</DefaultText>
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      <DefaultText>También se enteró de que Kallu había perecido por las fiebres del invierno unos años atrás, y que Najuo, su hijo mediano, había muerto en un asalto.

Pero encontró a su hija Yakona convertida en cazadora y madre de tres hijos, y a su hijo Malaak, que construía poderosas murallas. Con ellos logró encontrar su lugar en el pueblo y su entorno familiar dentro de un mundo que había cambiado durante su ausencia.</DefaultText>
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      <DefaultText>Edér decidió no regresar a casa. Todavía sentía un conflicto interno sobre su papel en la Guerra del Santo y no estaba seguro sobre cuál era su lugar en el Bosque de Dyr, por lo que se embarcó hacia Aedyr para reunirse con sus padres. Allí retomó la vida tranquila a la que se había acostumbrado durante sus años de mozo de labranza en Valle del Oro.</DefaultText>
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      <DefaultText>La muerte de lady Webb supuso un punto de inflexión en tu búsqueda de una cura para tu aflicción. Sin su ayuda, la pista de la Llave de Plomo desapareció rápidamente. Con el tiempo, tus visiones pasaron a invadir tus momentos de vigilia, como le había sucedido a Maerwald, y se hicieron con el control de tu mente.

Te pasaste el resto de tus días recorriendo las calles de Bahía del Desafío, metiéndote con los transeúntes y huyendo de los fantasmas de tu mente.</DefaultText>
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      <DefaultText>Haciendo acopio de todo tu coraje, hiciste un acto de fe y saltaste al foso de la cumbre de la isla Sepultura. La caída parecía durar una eternidad pero entonces, de repente, el suelo aceleró para recibirte... y para acabar con tu vida.</DefaultText>
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      <DefaultText>En el Paso de Dyr, un culto clandestino dedicado a Skaen se estaba introduciendo en las instituciones de la ciudad.

Se convirtió en un destino de viaje muy apreciado por los ricos, a los que atraían activamente los altos cargos de la ciudad. Sin embargo, pocos regresaban después de visitar la ciudad. No tardaban en arruinarse y en ver cómo sus propios parientes acababan con su reputación.</DefaultText>
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      <DefaultText>El culto a Skaen había desaparecido del Paso de Dyr definitivamente. Los lúgubres rumores sobre las numerosas maldiciones que se cernían sobre la ciudad se fueron olvidando, y pronto volvió a tener muchos visitantes.</DefaultText>
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      <DefaultText>Pero en ese momento no se podía hacer mucho, y el asunto tendría que esperar. Te esperaba un largo viaje, que se había complicado más por tu decisión de llevar un bebé a Sol en Sombra.</DefaultText>
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